domingo, 1 de marzo de 2015

El Whardol (primera parte)


El reloj golpeteaba el aula con su sonido pausado y sutil. Los chicos se rascaban la cabeza, unos pensativos y otros frustrados y exasperados. Era el día del examen parcial. Algunos como Richie que habían intentado estudiar durante los tres días anteriores, seguían pensativos sobre si la respuestas tenían alguna especie de trampa o de verdad era tan sencillo ese pedazo de papel tan blanco que ofuscaba la mirada al refractar la luz de la mañana. Otros, como el atarantado y distraído de Tomas, habían decidido que eso era de poca importancia, hasta que la situación se volvía real y tenía que enfrentarse a la realidad de una muy mala nota.


Richie era muy odiado por sus compañeros, era el más listo de la clase y siempre los hacía quedar mal con los tiempos de los exámenes y los propios resultados. Digamos que podría hablarse de un ñoño bien hecho. Sin embargo, a todos les extrañaba que fuera amigo de ese sujeto raro que siempre olía a tabaco y hablaba como si estuviera drogado, con sus ojos semicerrados y su cabello demasiado corto para la generación y la moda dominante.
Richie se sentía algo pensativo en esos días. Al parecer, la nota del periódico de hacía apenas cuatro días, lo había dejado algo ensimismado. Habían encontrado un cuerpo cerca del río Siembra. Todo apuntaba a que era el cuerpo del niño retrasado del pueblo. Era hijo de una mujer muy gorda y gritona de la calle Tebas, cerca del quiosco y el mausoleo del fundador del pueblo. La vieja gorda siempre se regodeaba de estar tan cerca de esos lugares tan apreciados por el pueblo; mencionaba que tal vez el precio por semejante privilegio era haber tenido un hijo con ese “problemita”, como solía decirlo abiertamente a cualquier persona con la mala suerte de toparse con ella por la calle.
Los padres de Richie, por muy desganados que estuvieran y por mucho asco que les provocara la señora, creyeron prudente ir a presentar sus condolencias a la vieja señora Bronter, Emilia Bronter. El chico se llamaba Ernesto Bronter, pero todos le decían el “el menso Bronty”. Cuando llegaron a la casa, con las ventanas abiertas de par en par y los lugares de la fachada donde descansaban algunas plantas medicinales tachados de verde por la lama acumulada de las constantes riegas, ella estaba saliendo por el umbral de la puerta para sacudir el tapete de la entrada cuando los vio dirigirse hacia ella. La señora Bronter se sorprendió de la visita, así que optó por aventar el tapete justo a un lado de la puerta y se dirigió muy cordialmente hacia ellos, invitándolos a pasar. La verdad es que en su rostro no se dibujaba ningún tipo de dolor o sufrimiento de madre a causa de la pérdida de un hijo. Parecía que dentro de su alma sólo había calma y resignación. A Richie eso se le dibujo como algo muy extraño, como si la situación y los significados no guardaran ningún tipo de relación lógica; el esperaba encontrar desesperación, llanto incontrolable y los tan característicos gritos exasperantes y turbadores de la señora Bronte, pero ahí no había nada, solo calma y cordialidad.
La mujer, a pesar de su peso, gustaba de vestir vestidos con escote y corte en el largo de la pierna, como si pretendiera que entre más carne se fuera más seductora en la vida. Habría que ver con que tipo de creencias se encuentra uno en la vida, pensó Richie. Él estaba callado, apenas arrojó un “hola”, cuando la señora lo saludo y apretujó contra sus enormes pechos y lo sacudió con su abrazo. Los padres se sentían incómodos, y la verdad es que también se veían así. Cuando entraron al vestíbulo, se llevaron una sorpresa: No había nadie en el salón, nadie en absoluto se encontraba en esa casa para acompañar con el dolor a la pobre mujer que acababa de perder un hijo en circunstancias de lo más deplorables. Las investigaciones de la policía y los análisis que se le hicieron al cuerpo, apuntaban completamente a un asesinato de lo más brutal.
El chico Tomas le contó todo lo que había podido encontrar en el informe forense que su padre trajo para la casa, su padre el el asistente del jefe de policía. El jefe le había pedido que hiciera un resumen para el del informe y los transcribiera para el. Tomas bajo en la madrugada a la cocina por un vaso de agua y se encontró con la carpeta con su clásico símbolo de la policía en el centro de la carpeta que descansaba en la mesa del comedor. El sintió un poco de curiosidad y decidió abrirla para ver lo que su padre trajo a la casa. Pensó que tal vez sería una de las tantas cosas aburridas que le encomendaban, como asaltos o unos golpes afuera de alguno de los tantos bares del pueblo; pero esto de verdad que era completamente diferente. Era el primer asesinato en 26 años que se suscitaba en el pueblo.
El discurso del joven amigo de Richie se desató después de abrir la carpeta. Parecía que se encontraba tremendamente extasiado y perturbado. Describió que lo primero que vio al abrir la carpeta fueron las fotos de la escena del crimen, donde el cuerpo aparecía amoratado e inflado por la descomposición. Según el informe, el cuerpo tenía más de cuatro días a la orilla del lago. Tenía 34 marcas de puñaladas en todo el cuerpo, centrándose en el pecho y la cara. También los genitales habían sido apuñalados. Richie imaginaba el cuerpo hecho un amasijo de carne y sangre que lo cubría todo y empapaba la tierra, tal vez impidiendo que nada volviera a nacer en ese terreno. Tomas seguía contando como estaba su cara: “rayos, como habla de su cara”, pensaba Richie. Le notificaba como es que las perforaciones de los ojos estaban completamente fuera de lo humano, las cuencas estaban bañadas de un coaguloso líquido tinto que lanzaba destellos con el flash de las cámaras del forense. Parecía como si de ellos fuera a brotar algo, como si dentro de aquellos agujeros se escondiera todavía su alma esperando para contar lo que pasó.
Pero cuando Richie pensaba que había finalizado su relato, algo paso en las facciones de Tomas.
-¿Que te pasa, Tom? -preguntó Richie.
-Eh… ¿Que? -balbuceó el chico.
-¿Que qué rayos te pasa? -Vociferó molesto Richie.
-Es que, hay algo que no te he contado sobre el Menso Bronty -dijo Tomas con un dejo tembloroso y vacilante en la voz.
-¿Y qué es eso? -preguntó Richie.
-Los dedos de sus manos estaban adheridos a su rostro rodeando sus ojos con los huecos de la mano que fueron destrozados por el apuñalamiento.


Esto dejó completamente fuera de su comportamiento normal a Richie. De alguna manera él se sentía extrañamente fascinado por estas noticias, pero cuando lo vio la noticia en el periódico al día siguiente, pareció que la situación se volvía tangible, que dejaba de ser una historia más contada por sus vejos autores preferidos.

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