domingo, 15 de marzo de 2015

El Whardol (segunda parte)


A Richie le gustaba contar historias, soñaba con convertirse algún día en un escritor de novelas o cuentos de horror. Sus preferidos siempre habían sido el tenebroso de Poe y el siniestro Lovecraft. Creía que si podía tan sólo arañar la genialidad de sus escritores favoritos, podría haberse realizado como persona. Pero aún tenía 17 años, podría esforzarse todavía por conseguirlo a paso calmado. Sin embargo, esto ya dejaba de lado cualquier ficción, esto era real y traspasaba las leyes humanas de lo aceptable. Habían mutilado hasta la muerte a un pobre chico que apenas podría defenderse. Se ponía a reflexionar con cierto horror si el que había manifestado tal acto de brutalidad estaba consciente de lo que había hecho, incluso llegó a pensar si podría escribir una historia que hiciera alusión a esta situación. De repente, ese último pensamiento lo hizo sentirse algo culpable, estaba aprovechando la situación para generar algo satisfactorio para el. No era justo. Pero algo le quemaba en la mente, algo provocaba una irritación salvaje en la consciencia de Richie, no lo dejaba en paz. Necesitaba conocer el lugar del asesinato.
Esta idea se le había ocurrido de manera espontánea y sin ningún momento de temor o absurdo sentimiento. Era eso lo que lo apremiaba sin saber porqué. Pero no podría ir solo, necesitaba alguien que pudiera estar con él por cualquier situación que se le planteara. Pensó inmediatamente en Tomas, pero su padre era muy estricto, no creía que fuera a permitirle dar un viaje de casi seis horas por entre el bosque del pueblo el solo. Sin embargo pensaba pedirle que lo acompañara, posiblemente estuviera de suerte y podrían ir juntos.

Los días pasaban y Richie no se hacía a la idea de pedirle a Tomas que tomara parte junto con el de algo tan disparatado como ir a ver la escena de un crimen bastante horroroso. Sin embargo, aunque en las constantes divagaciones que se permitía de las fantasías de su propuesta, el pensaba que no se negaría, que a pesar de todo lo que podría implicar hacer semejante travesía, él era su amigo. El creía en la lealtad y parecía que Tomas le era fiel siempre. Recordaba constantemente como es que se habían conocido y cómo a pesar de las constantes formas de alejarse de él, terminaron siendo los amigos más bizarramente unidos.
Eran las tres de la tarde en la explanada de la secundaria de Monato, donde estudiaba Richie. El estaba en el equipo de Baloncesto por obligación del profesor de deportes, así que solo hacía pequeños movimientos para que el profesor no lo castigara, pero se libraba con una facilidad impresionante de la pelota. A las 4:15 de la tarde, entraron a las aulas con los olores característicos de 14 chicos y 17 chicas adolescentes después de deportes, con las axilas mojadas y el cabello humedecido. De repente, todos se asombraron de ver a ese chico en el aula. Al parecer, había un integrante nuevo en el grupo. Su estilo era algo raro, llevaba un pantalón color gris con una camisa tinta y una playera gris debajo, llevaba una boina de color verde en la cabeza y su rostro estaba lleno de acné. La verdad era que era un look bastante extravagante para esa zona, pero todos prefirieron ignorarlo el primer día, ya se integraría, y era mejor estudiarlo para saber a qué tipo de grupito se acomodaría mejor.
Descubrieron los horrores de la clase de trigonometría y después salieron vociferando todos sus compañeros lo largo de la clase y la cantidad de tarea que el profesor Alvin se había inventado: Un viejo chaparro de pelo ralo y con lentes de montura gruesa que daba la impresión de ser un gnomo superdesarrollado. Tomas espero hasta que la última chica paso bufando por la salida maldiciendo que olía a sudor de Francis, su novio en turno. Como siempre, Richie se quedaba hasta el final para anotar perfectamente la tarea y no se olvidara de nada, aunque todos sus compañeros decían que era un ñoñazo, el solo podía decir que era tan obsesivo que no le gustaba olvidarse de anda; en el fondo sentía una profunda satisfacción al saber que seguía siendo el más listo de todo el grupo. De alguna manera lo hacía sentir cierto poder sobre los demás. Tomas salió de la clase con un caminado calmado y algo desgarbado sin parar a dirigirle una mirada mientras pasaba a su lado. Parecía un chico bastante triste.
Era su tercer año en la secundaria, y estaba prácticamente a la mitad. Richie no tenia ningún amigo, todos le hablaban solamente para que les pasara las tareas o los ayudara a estudiar para los exámenes. Es una desdicha para el alma cuando el otro te hace aparecer justo por tu utilidad, pero desapareces en el desencanto de no ser lo que él quiere. Así que conforme pasaron los días fue percatándose de gestos interesantes de aquel chico. Al principio creyó que sólo un tipo raro que no hablaba y se contentaba con alejarse de la gente en el rincón del aula. Poco después se percataba de que tenía un hábito por leer comics de terror, digo, no era lo mismo que grandes ejemplares de la literatura gótica, pero algo es algo. Creyó que en algún momento tal vez podrían compartir ideas macabras sobre algunos relatos; desgraciadamente se percataba que al mismo tiempo, podía ser alguien bastante ignorante en cuanto a la mayoría de las materias que estaban cursando. Su fuerte solo eran las matemáticas, era bastante bueno. Por lo demás era una persona bastante desconocedora.
Uno de tantos días en las clases, el profesor de biología decidió llevarlos al laboratorio para enseñarles unas muestras en el microscopio. Los formó en grupos de tres personas. El grupo de Richie quedó constituido por Tomas y Loren. La chica era bastante estúpida, preocupada por la mesada que le daban sus padres sin merecerla más que en lo que podía aprenderse en cualquier día de la vida. Por otro lado, Tomas parecía algo desconcertado por la necesidad de establecer relaciones con alguien más para esa clase. Estaba muy callado y parecía algo molesto. pero algo paso en esa hora de clase que ejecutó una mecanismo de asociación entre ellos dos que probablemente nunca se rompería. Justo cuando estaban frente a los microscopios y tenían las muestras en la mesa, Richie decidió comenzar por las muestras para decir sobre lo que había visto y comentarlo con ellos. En ese justo momento Tomas le pregunto cual quería que le pasara. Esto aunque fue algo sencillo, le provocó cierto placer. El estaba acostumbrado a que sus compañeros de equipo se limitaran a asentir lo que él les decía y le dejaban completamente todo el trabajo a él. Eso era algo que lo molestaba mucho. Pero en esta ocasión el se mostró dispuesto a ayudarlo. Entre los dos se ayudaron para acomodar la muestra en la base del microscopio y la tensaron fuertemente para evitar que se resbalara. Ellos pudieron ver juntos las muestras, eran bacterias, algunos hongos y muestras de semen de algunos voluntarios anónimos. Parecía que el voluntario que había donado la muestra de Richie, estaba bastante desnutrido. Entre los dos discutieron cuáles eran cuales y de qué tipo. Parecía que los dos podían entenderse muy bien. Tomas era algo despistado y no siempre acertaba a la respuesta, pero se esforzaba, y lo mejor de todo: hacía que Richie se sintiera tomado en cuenta, lo hacia sentir como que no era un simple fantasma que los demás creen que aparece en el momento justo de los exámenes. Ellos comenzaron a debatir sobre las materias y sobre las modas de Tomas, se figuraba que la confianza se había instalado exitosamente entre los dos. Tomas se sentía acompañado y Richie se sentía tomado en cuenta.
Sin que los dos se dieran cuenta, ya eran unos excelentes amigos. Compartían las mismas ideas sobre las chicas y los autos, los profesores y sus tontas tareas y sobre los propios bravucones del colegio. Tomas llegó a salvarle el pellejo en varias ocasiones. NO gustaban de la misma música ni de los mismos Hobbies. Tomas tenía la costumbre de construir barcos y aviones a escala, mientras que las grandes pasiones de Richie eran simplemente acostarse a leer un rato en su cama y, mientras leía se se le venía ideas fascinantes a la cabeza para escribirlas y formular historias tenebrosas. Esos eran sus más extravagantes diferencias. A Tomas no les gustaba leer y Richie no era bueno con las manualidades. Tomas escuchaba música de Rock de los años 80 mientras que Richie se inclinaba más por las contribuciones del pop a la actualidad. Sin embargo, algo los unía. Tal vez sería un complejo sentido de la lealtad, un sentimiento inusitado de correspondencia y complementariedad que palpitaba sincrónicamente con lo que los dos esperaban encontrar siempre en el otro, tal vez fuera una sencillez tan grande como la voracidad de dos corazones que encuentran el acompañamiento perfecto en un otro, un hermano gemelo que no comparte sangre sino experiencias y risas acompasadas. Si, tal vez fuera que con el tiempo, cuando Richie recordaba, los unía algo más grande y complejo, más puro, más desinteresado que lo que las personas llaman amor. Tal vez solo sería Richie el que se daría cuenta de que la amistad era aquella palabra que estaba buscando; aquella experiencia. Parece que después de todo, uno no elige a sus amigos; son solo las personas comunes que llegan en el momento justo, en la situación más necesitada y oportuna, con un abrazo, una palabra o un insulto balsámico. Si alguien ha dicho que el amor está más allá del bien y del mal, la amistad lo reconfigura todo para volver a escribirlo, pero sin lágrimas.
Los demás los veían como si fueran agua y aceite: Richie con sus modos un poco tímidos y torpes y siempre llevaba sus desgastados converse y mezclilla; Tomas  se manifestaba como una figura desgarbada y con tendencias a creerse cool siendo callado y hostil, con sus ropajes mal combinados y algo viejos. Sin embargo, ellos creían que podrían ser agua y aceite, pero eso era el garante de que podían estar juntos sin revolverse, sin perderse el uno en el otro, pero estando siempre en el mismo vaso.
A pesar de que ambos eran una especie de plaga que sólo en periodos de parciales resultaban útiles, pues los dos se llenaban de chicos y chicas que necesitaban estudiar para los exámenes, ellos siempre la vivían solos y con la total certeza de que jamás conseguirían una chica. Incluso en los vagos acercamientos de algunas de las chicas más hermosas en los que las ayudaban a estudiar, y ellas acercaban sus pechos tan cerca de su cara al inclinarse a ver las notas de ellos, los sorprendía la certeza de que jamás podrían estar más cerca de eso. Como sentía ese impulso irrefrenable de cualquier macho en ese corto y crítico camino a la madurez, de frotarlos, de acercar su cara a ellos y perderse dentro, y todo lo angustiante que los buenos modales nos imponen y nos joden la vida. A veces pensaba que la civilización no hizo más que venir a darnos más lata que maravillas, ya no se podía disfrutar de un encuentro salvaje y desmedido entre dos cuerpos palpitantes de deseo sincrónico, ya no había esa decisión de hacerlo en el momento justo y el lugar actual; uno tenía que esconderse para entablar una tertulia de cuerpos y caricias, de vistas, de palabras entrecortadas y jadeantes, mientras que los golpes, los asesinatos, las violaciones, la guerra, todo lo abominable del ser humano se proyectaba a plena luz del día con total impunidad, que mundo tan al revés es en el que vivimos. Un mundo mojigato, un mundo de hipocresía y mentiras. Si, tal vez los demás lo juzgaran de ser un tonto con ideales románticos, pero era lo que mejor se le daba imaginar.
Se habían propuesto nunca pelear por una chica, creían que la amistad valía mucho más que aquello que una chica les pudiera ofrecer. Aunque no eran ingenuos, sabían que una chica puede ofrecer todo aquello que haga dudar de las lealtades. Sin embargo, hasta el momento nunca habían tenido necesidad de llevar a cabo semejante experiencia. Ambos estaban algo perturbados por la belleza y encanto de la chica nueva del colegio. Ella entró, justamente, tres semanas después de Tomas. Los dos se habían quedado boquiabiertos cuando la vieron pasar al frente para presentarse. Se llamaba Laura, vestía un vestido a la rodilla color verde agua que hacía juego con un listón en su cabello y unos zapatos negros. Su cara era pequeña, en forma de corazón, su piel tan blanca que daban ganas de acariciarla para cerciorarse de que fuera real esa mujer. Sus ojos eran tímidos y expresivos, parecían absorber a quien se atreviera a mirarlos. Richie fantaseaba todas las noches con lo hermoso y maravilloso que sería poder abrazarla y oler sus cabellos para nunca olvidar su aroma, ni en el momento de su muerte. Lamentablemente, ella era completamente inalcanzable, era de padres diplomáticos y guardaba unos modales muy recatados. Su familia era de dinero y solo estaría unas semanas en ese colegio, porque sus padres la mandarían a estudiar a otro lado en cuanto encontraran un lugar propicio para su estatus. Ese colegio había sido elegido por la cercanía que mantenía con su actual residencia.
Richie había intentado escribirle muchos sonetos, o simples versos que dibujaran lo bonito que sentía cada que la veía pasar con sus modos de princesa y su sonrisa radiante que siempre le dirigía cuando lo veía, lo único malo era que esa sonrisa era para todos, no había nada extraordinario para el. Sin embargo, nadie le podía prohibir crear otra dimensión donde si pasara todo lo que él soñaba. A veces las letras pueden hacernos escapar de lo lógico y hacer de nuestra ficción, algo que sea más que real, algo que sea desmesuradamente tranquilizador a nuestras angustias. Intentaba recordar la esencia exacta que tenía la estela de su perfume cuando caminaba, era algo así como un montón de frutas mezcladas que daban unas ganas tremendas de verla para seguirla saboreando. Simplemente era maravillosa.
Pese a todos sus esfuerzos por encontrar un ritmo propio y versos originales, descubrió que lo suyo era narrar los horrores de las imaginaciones más perversas. Ningún verso logró el impacto que el esperaría, tal vez a ella si, pero para él no bastaba. Había algo que sonaba hueco y totalmente ajeno a él. No lo sabia, seria mejor dedicarse a su verdadero talento. A veces, no hay que ser tan convencional, en ocasiones solo tenemos que hacer lo justamente propio, por más simple y común que parezca.

lunes, 9 de marzo de 2015

El funeral


Josh entró en la habitación. Dentro se escuchaba el ruido de la muerte: silente, arrogante y abrazador. Había lagrimas por todos lados, manos que se estrechaban, un chiste para liberar tensión y ojos que no expresaban nada tan regados por el cuarto de velación que no se sabía quien era un dolido de corazón, y quien un simple intento de bálsamo para la angustia de la falta.

Lisa Florence había fallecido en un accidente automovilístico mientras discutía con su pareja por la carretera Sonclift. Llevaba a su hija Margaret en el regazo, tenia solo 4 años. Margaret no sabía que era lo que pasaba exactamente, pero sabía que papis no estaban contentos, gritaban mucho. Su madre estaba recriminándole a Omar que por sus descuidos y borracheras, había dejado la puerta de la cochera abierta, que pudieron haber pasado un sin fin de cosas y que el no estaría allí para ayudarlas. Si la familia necesitaba ser protegida por sus descuidos, él solo estaría divirtiéndose con sus amigos completamente despreocupada mientras su familia era secuestrada, asesinada o sabría dios que mas cosas horripilantes podían pasar. Omar solo atino a responder "pero no paso nada, ¿verdad?" ese fue el colmo. Lisa golpeo fuertemente la cara de Omar y este casi se sale del camino. Lisa le pidió disculpas en el momento mientras él se le quedaba viendo con una cara de sorpresa e ira. Por suerte para todos no había ningún automóvil en la carretera con el que pudieran colisionar. Iban de regreso a la casa. Lisa se había ido a quedar con su madre después de la tercera vez que el se fuera con sus amigos en el mes. El fue a rogarle al tercer día que regresara a la casa, que las cosas cambiarían, que ya había hablado con sus amigos y ellos respetarían su decisión. Solo los vería una vez al mes. No mas. Ella accedió un poco reacia, pero quería creerle a su marido. 

Mientras Omar regresaba del estupor, un trailer con cargamento de sorgo estaba justo en frente de ellos y se detuvo espontáneamente. Los neumáticos del trailer chirriaron espantosamente en el pavimento. Un perro se había cruzado en la carretera e intento no matarlo. El animal salió despavorido de la carretera, pero el coche de Omar y Lisa había ido a parar justo por debajo del trailer. El sorgo de la caja se desparramó por el pavimento y generó un estancamiento por horas, mientras las autoridades desenterraban de la montaña de cereal a la pobre familia. Omar había muerto repentinamente de un golpe en el pecho con el volante. Margaret estaba llorando pero no podían encontrarla. Lisa estaba contra el tablero. El parabrisas estaba ensangrentado, parecía como si una bolsa de sangre hubiera explotado ahí dentro.

Cuando los paramedicos llegaron al lugar del accidente, fueron ayudados por algunos voluntarios para desenterrar los cuerpos del cereal. Cuando por fin los cuerpos quedaron expuestos y los paramedicos pudieron maniobrar, las moscas pululaban alrededor de la cabeza de Omar y el cuerpo pálido, rígido y ensangrentado de Lisa. La chica tenia una postura encorvada, como si se hubiera agachado para recoger algo del suelo y en ese preciso instante hubiera ocurrido el percance. Luis, el primer paramedico en acercarse al vehículo, saco el cuerpo de Omar, mientras se cercioraba que de verdad estuviera muerto; un enorme derrame en el pecho certificaba que ya no había nada que hacer. Cuando Rulo, el otro paramedico se aproximó al lado del copiloto y destrabó la puerta con un jalón excesivo, soltó un alarido.

-Luis, ayúdame. Hay un niño debajo de ella.
-Rayos- exclamo Luis, y se aproximo.

Entre los dos retiraron cuidadosamente el cuerpo de la chica, y sacaron de debajo el cuerpo inconsciente de Margaret. Aún respiraba. La pusieron en una camilla y la llevaron a la ambulancia. Cuando regresaron para verificar a Lisa, los dos tenían una cara de asco que se les enmarcaba visiblemente al entrar en contacto con el panorama brutal del accidente dentro de la cabina. La cara de Lisa había estallado, tenia los ojos saltados y una rajadura del lado izquierdo de la frente hasta el labio superior derecho. La carne colgaba entre moscas y sangre. Los dientes eran horrorosamente blancos entre la negrura de la sangre coagulada y llena de cereal en los rincones desde donde se desprendía la carne del rostro. La blusa beige que llevaba Lisa estaba salpicada de manchas color marrón. Sus brazos estaban lánguidos. De pronto, algo inusual pasó. La cara desfigurada tosió sangre. Aun estaba viva. Los chicos despertaron de su ensimismamiento y atendieron rápidamente el cuerpo ensangrentado. Intentaron entubarla pero era complicado porque en ese rostro ya no había nariz ni boca completa. Lo hicieron lo mejor que podían. Era lo mas brutal que habían visto en toda su vida. Todavía podían escuchar las arcadas de algunos chismosos al ver subir el cuerpo a la ambulancia.

A pesar de todos los intentos por remediar el dolor y mantenerla estable hasta la llegada al hospital mas próximo, Lisa murió a los 15 minutos de arrancar la ambulancia. La niña ya estaba completamente estable. Solo tenia un golpe en la cabeza. Un simple chichón que bastaría con mantenerla en observación. El único inconveniente era que se había quedado sin padres. La chica, pensaba Luis Meldez, el paramedico que la recogió y llevo en brazos hasta la ambulancia, ya no podría decirle a su padre que la cargara en hombros para hacerle caballito; ya no estaría su padre viéndola a través de los barrotes de la cuna para verla despertar y propinarle una guerra de cosquillas mientras ella se desternillaba de risa y le brotaban las lagrimas pidiendo que parara; la chica ya no sabría lo que seria que su padre la celara con los chicos. Esa chica jamas podría saber que pasaba por la mente de su madre cuando le pidiera un consejo, jamás experimentaría esa sensación cálida y abrasadora que puede traer el hogar original. Extrañamente, una sonrisa se cincelo en su rostro. A veces, la muerte hace que el dolor se evapore, es el mejor balsamo para el derrame de las lagrimas. El anhelo de vivir, nos hace olvidar que la muerte también es una ambrosía.

Josh seguía avanzando por entre los acompañantes de dolores y recuerdos. Los clásicos acompañantes de muerte y desesperación que se posan como buitres ante el sufrimiento de la extinción de aquellos que se quedan. Aquellos sufrientes que deciden todo menos quedar atrasados en el abismo angustiante de una vida en falta. Los odiaba. Odiaba el arrullante sonido del barullo, de las platicas estúpidas y los falsos pésames. Rayos, como odiaba esa sensación de desamparo que la muerte deja caer sobre los hombros de quienes sienten el vacío, ese hueco maldito de alguien que parte y no vuelve la mirada para decir adiós. Se acerco al ataúd sin que los allegados pudieran descifrar en su rostro de quien se trataba. Para cuando estaba parado al lado del féretro, se percato de que la tapa estaba cerrada. Por dios, ¿porque estaría cerrada? ¿tan mal estaba su cuerpo?

Una mano lo agarro del brazo con la fuerza de la desesperación y encontró, al voltear, una mirada que irradiaba ira e indignación. Era la madre de Lisa. Jory.

-¿Que rayos haces aquí, estúpido?
-Vengo a despedirme- Rugió Josh- No puede negarme eso.
-Pues si que puedo- replico, Jory.
-Pues, entonces, haga lo que quiera. No permitiré que nadie me robe este ultimo derecho.
-Nunca fuiste alguien bueno para ella, y lo sabes.

Josh le concedió el pueril derecho de la ultima palabra. Regresó al lado del ataúd y lo acarició como si fuera su piel la que tocaba. Era una caja del color de la naranja. Su piel era blanca. Ahora más blanca aún. Una piel muerta. Pero el no la recordaba así. Su piel era tersa como piel de durazno, sentía que vibraba cuando ella lo tocaba, sentía que cualquier duda se desvanecía cuando escuchaba su voz y su cuerpo se acercaba al de él. Adoraba sentir las curvas de su cuerpo contra el suyo, sentía como el palpitar de los dos se volvía uno solo. Como adoraba construir castillos de sueños sobre los dos. Su madre nunca les permitiría estar juntos, pero eso a el ya no le importaba. Lo que había vivido con ella y en ella, era mas que suficiente para aborrecer cien vidas sucesivas sin ella.

Se preguntaba si habría valido la pena morir por ella. Su mente divagaba por la brumas de las confusiones y las posibilidades, pero se anclo en la firme determinación de una idea tan poderosa como descorazonadora por el simple de su actual imposibilidad. Esa mujer ya no valía ni la pena ni la muerte. Esa mujer que tantos sueños le provoco, y tantas noches en las que vencía el sueño y las estrellas con su recuerdo, valía la vida, las risas y los despertares. Ahora el vinculo que sostenía su amor, solo contenía desprecio y desesperación. Un cadáver ya no vale ni las lagrimas, ya no es lo que se amo, solo un despojo de aquello que una vez estuvo ahí para mirarnos y darnos existencia a partir de su palabra y su abrazo.

Se encaminaba hacia la puerta de la sala de velación para irse y no volver atrás nunca. Cuando un crujido despertó su interés y volteo.

-Toc, toc, Josh- Dijo una voz flemática desde ningún lado-. aquí adentro.

Josh se sintió algo extraño. Ninguno de los presentes parecía notar esa voz ni a el mismo. la voz resonó de nuevo.

-Vamos, Josh- dijo la voz constipada desde dentro del ataúd-. Mira aquí adentro, hay mas que solo muerte en lo que verán tus ojos.

Ahí dentro, había un error.

La mirada de Josh iba dirigida hacia los muchos de los personajes que llenaban la pequeña habitación. La hija de de Lisa, creía que se llamaba Margorie, estaba en los brazos de su abuelo y le contaba algo al oído. Ella tampoco parecía escuchar a su madre hablar desde dentro de la caja. Estaba asustándose. Creía que seria alguna broma de muy mal gusto. Pero nadie volteaba hacia el féretro. Todos estaban ensimismados en platicas absurdas y caras inexpresivas. Caminaba hacia el cajón y se sentía estúpido, cada paso lo sentía lento y torpe. El miedo lo estaba comenzando a consumir. ¿Que esperaría al acercarse? ¿Que el cuerpo embalsamado del amor de su vida corriera con los brazos abiertos hacia el y le dijera que lo amaba con un aliento podrido mientras en su rostro se veían los vestigios de heridas sin cicatrizar de un accidente?

-¿Como saber que eres tu?
-Jaja ¿como saberlo?- dijo la voz flemática.
-Estoy alucinando, la muerte me ha afectado.
-No, Josh- replico la voz- Puedo decirte cuanto te gustaba cuando jugaba entre tu bragueta.
-¿Que rayos estas diciendo?
-¿Ya se te olvido, Josh?- chillo la voz-. ¿Olvidaste cuando pretendíamos flotar? jaja
-¡Santo cielo!

Y flotamos, juntos, como plumas al viento al lado del abrazo que no existió, y superados en razones por el beso en tinieblas que nunca nos dimos. Que tragedia. Cuanta fuerza puede mostrarnos la desventura cuando el juicio es verdugo de un corazón que no sabe mas que palpitar por unos ojos que solo ven el miedo y el dolor en la experiencia de amar. Que tragedia. Solo nos queda flotar y encontrarnos entre la brisa. Tal vez el viento pueda mas que nuestras razones.

Era el fragmento de una de las cartas que el le había dado. Para precisar, era la ultima. Ella le había correspondido con otra carta donde copiaba ese párrafo exactamente igual. El solo era un remedo de escritor. Nunca había querido despegarse de su mas profundo sueño en la vida: ser algún día reconocido como un escritor serio. Por el momento, solo se consideraba un cuenta cuentos y nada mas. Y, al parecer, a la madre de Lisa no le parecía ni eso. Hizo hasta lo imposible porque el la dejara. Una noche, mando tres hombres para darle dinero, permitirle que se fuera de la ciudad y viviera en un buen lugar y encontrar un trabajo decente. El lo rechazó y tuvieron que recurrir a una paliza que le dejo la ceja colgando y tres dientes despostillados. Cuando despertó a la mañana siguiente tenia moretones enormes en el vientre, el pecho y la espalda. El había dicho a Lisa que se fuera con el, que su madre no los dejaría ser felices nunca. Su madre era la dueña de "Textiles Morre", jamas permitiría que se casara con un don nadie como el. Pero ella tenia miedo, miedo de que no funcionaran las cosas y de que nunca mas pudiera regresar a casa. "A veces, el amor no basta", decía ella. "A veces, no es cuestión de amor puramente, sino de desafiar la desgracia, abrir camino, dejarnos ser. A veces, tenemos que permitirnos la duda sobre la premonición y veredicto de los demás", replicaba él. Ella se acobardo y como protesta, el le escribió esa carta. Ella solo supo responderle con las mismas palabras. Y si, tal vez fuera que solo el viento fuera capaz de juntarlos de nuevo.

Ella se refería a eso. Estaba seguro, esa voz aterciopelada que recordaba no era ese sonido encerrado y flemático que escuchaba ahora. Esa era otra cosa encerrada en una caja de madera. Siempre le habían provocado una sensación siniestra los ataúdes, pero esto era completamente diferente. Tenia miedo de acercarse mas, algo escaparía de dentro y lo tomaría del brazo y la garganta, mordería su cuello y desgarraría su garganta, lanzando sangre a borbotones en todas direcciones. El moriría aun sujeto por lo que quedaba de cuello y caería a los segundos desplomado en el suelo de linóleo del velatorio. Su carne estaría pálida y los ojos perderían el brillo mirando hacia la nada; sus ojos se centrarían en el hueco y palpitante mundo de la negrura y la muerte. Llegaría a una dimensión donde todo se estanca en la repetición de la nada, y los sufrimientos y la soledad cobran fuerza y determinación. Un golpe sordo lo despertó de su ilusión de muerte y lo trajo de regreso al mundo que parecía aun mas apabullante. Se dijo que tenia que abrir el féretro, tenia que hacerlo. agarro fuertemente el costado de a caja y tiro fuertemente hacia arriba hasta que la tapa crujió y se abrió de golpe. El dio un pequeño traspie mientras depositaba la tapa en el suelo. Cuando se asomo dentro del cajón, no había nada. Nada. 

El cuerpo no estaba, solo un hueco en el terciopelo del ataúd. ¿Donde estaba cuerpo? Miró en todas direcciones, esperando encontrar su cuerpo; un cuerpo que tantas noches lo abrigó, lo amó en caricias y besos desesperados por el roce y suave ritmo que cobra la noche en los amantes. Una carcajada se estrello en el silencio y la inmovilidad del espacio. La gente no se movía, se habían quedado paralizadas. Todo tenia un matiz de inmovilidad y estancamiento ominoso. La carcajada volvió a tronar detrás de él y volvió su cabeza para encontrarse con Lisa sentada en el ataúd. 

-Hola, Josh- Dijo Lisa, con la misma voz flemática de antes-. ¿Me extrañaste? ¿Mucho? Jaja
-¿Que esta pasando?- dijo Josh, con un dejo de pánico en la voz temblorosa-. ¿Quien eres tu?
-¿Como que quien soy yo?
-Tu no eres Lisa.
-Claro que soy yo, ¿pues que te crees?
-Tu no... tu... no...
-Jajaja es por mi apariencia, ¿cierto? pero nuestro amor es mas grande que la estética, Josh.

Lisa tenia el rostro pálido y amoratado en los diferentes lugares donde las costuras de la reconstrucción facial atravesaban su rostro en diferentes direcciones. Su rostro estaba zurcado por heridas hinchadas, ya no era el rostro hermoso y terso del que alguna vez estuvo enamorado. Lisa habia perdido el brillo de sus gestos, la movilidad encantadora de sus facciones se habia evaporado de la tierra como el fututo que alguna vez vislumbraron juntos. De la base de la cara salían unas hebras blancas manchadas de un liquido color marrón. Uno de sus ojos estaba blanco y parecía apunto de licuarse en cualquier momento y escurrirle por la mejilla izquierda. Su sonrisa quedaba cortada en una mueca de asco o desprecio, según se le interpretara. Su sonrisa era lo que mas lo aterraba. Era una sonrisa fría y desencajada de cualquier parecido humano. 

Josh sintió un escalofrió que le recorrió toda la espalda y los cabellos de la nuca se erizaron completamente. Estaba asustado. Claro, después de todo ¿quien se pone a platicar con un cadáver como si fuera lo mas cotidiano del mundo? Esta idea paso por su mente y casi se le escapa una carcajada irónica cuando recordó a quien tenia en frente. Poso sus ojos nuevamente en la figura pálida y desfigurada que alguna vez fue Lisa. La contemplo con su sonrisa asqueada y desquebrajada, ahí, sentada a la orilla del ataúd. Ella lo veía sin soltar palabra alguna. Lo veía como si pudiera atravesar su cuerpo y ver en lo mas profundo de sus miedos y dudas. Eso comenzó a aterrorizarlo.

De pronto, la voz flemática destruyo el silencio incomodo y perturbador de la sala.

-¿Que pasa, Josh?- dijo-. ¿En que piensas?
-No lo comprendo.
-Se me dio permiso de despedirme de ti.
-Pero así no. Ella no lo hubiera hecho así.
-¿Entonces como, Josh? - Dijo el cadáver de Lisa-. De seguro preferirías que me abalance a ti, te bese y te pida disculpas por todo el daño que te hice. Si, de seguro es eso. Querrás que arrastre hasta ti todo el dolor de nuestras ausencias, que me encomiende a la culpa y dirija mis plegarias hacia ti, hacia aquella cosa que la gente a llamado perdón. Es tarde, Josh. Es muy tarde. Vine hasta a aquí por que no pienso irme sola. Omar tuvo que irse, y decidió, ahí, en la bruma negra de la muerte, soltar mi mano y dejarme caminar de regreso. 
-Esto no puede ser posible. ¿A que has regresado?- dijo Josh.
-No seas estúpido, Josh- Atajó Lisa-. Se te ha brindado la oportunidad de volver a verme. De despedirte y decir hasta pronto. Si, Josh, hasta pronto. ¿Crees que acabarías de verme? Hay un lugar mas allá de lo que puedes desear ver. Y yo, por responder a tu pregunta, no he venido a decirte "perdon", he venido para llevarme lo que es mío.
-¿De que estas hablando?
-Jajaja ay, Josh. Mi querido Joshy- Dijo Lisa con una mueca de ternura perversa-. Hay algunas respuestas que tienes que tomarlas y sentir su cuerpo palpitante entre las manos, no se pueden poner en simples palabras. La experiencia nos demuestra cada día que hay un mar de respuestas, pero ninguna sirve, ninguna se encuentra sin la pregunta adecuada y el interés preciso. ¿Como decía tu autor favorito? Ah si, "Las palabras son como una mancha en el silencio y en la nada". 
-Samuel Beckett.
-Si, ese.
-Ella no dejaría la oportunidad de estar con su familia.
-A eso he vuelto, Josh- Dijo Lisa con su voz desgastada por la resequedad de la muerte-. Tu y Margaret son mi familia. ¿No lo entiendes, Josh?
-Yo... No...
-Margaret es nuestra hija. Mi despreciable madre nunca permitiría que eso quedara ahí, me case con Omar por la mancha de nuestra falta, Josh.
-No puede ser, Lisa. Esto no puede estar pasando.
-Lo siento pero es verdad. Y también lo siento por lo que haré, Josh.
-¿De que hablas?
-No pienso dejarte nunca mas. Nunca.

Josh sintió como el estomago se le encogía por el pánico que las palabras de Lisa le dejaban caer en la consciencia como un velo negro que lo atrapaba y lo enredaba en ecos y temores cada vez mas grandes y asfixiantes. Estaba nadando entre una nebulosa negra y fría. El miedo desquebraja la consciencia hasta volverla solo un despojo de lo que la calma construye en algún momento. La crisis siempre sera el mejor modo de saber que la voluntad es algo tan frágil como el papel entre la lluvia.

-Esta no eres tu, Lisa.
-No es del todo cierto- interrumpió una voz-. Su deseo de estar contigo es completamente sincero. Viene desde lo mas profundo de su palpitante corazón, Josh. Claro que la muerte torna perverso cualquier deseo. No te darías a la idea de la cantidad de corrupciones que el deseo de vivir impregna en el alma humana. La desesperación es el escenario perfecto para la desvirtud- concluyo Luis, el paramedico.
-¿Quien rayos eres tu?
-Eso no tiene importancia. Solo agradéceme por traer a tu amada de vuelta, o lo que quedo de ella.
-¿Que le has hecho, desgraciado?
-Ella anhelaba tanto vivir. Ella quería regresar y verte una vez mas, saber como era que su hija experimentaba la muerte y, sobre todo, salvarla de los brazos y perversos deseos de su madre. Lo que la ilusión de la imagen crea en la gente, es tan solo una forma de cegarlos para ver en el otro un espejo de si mismo. Son personas cobardes, pero la cobardía vuelve a las personas aun mas peligrosas. Nunca subestimes a un cobarde, Josh. Ella habla por mi, tienes mis palabras y mis deseos puestos en sus labios.
-¿Quien... eres... tu?- preguntó Josh conteniendo la ira.
-Soy, sencillamente, un contenedor de sueños. Soy el verdadero opositor aquel que crees dios. Vengo de un mundo donde todo se repite, donde no hay era que termine ni tormento que se extinga. De donde vengo el tiempo no basta, las palabras y nombres no alcanzan lo que rodean tus sentidos. Vivo escondiéndome entre los salvadores de vida, para hacer justamente eso: salvarlas. El miedo a la muerte hace que se reconfigure cualquier prioridad mortal. Doy vida en la muerte, por lo mas querido en vida. Una vida por otra, Josh. Después de todo es hija de esa vieja urraca. El egoísmo es contagioso, Josh.
-¿Pero que dices?
-Vengo a cobrar mi deuda, Joshy. Eso es todo.

El rostro del paramedico, ahora ataviado con un traje negro impecable se desfiguro por una cara curtida en arrugas y cicatrices. Los ojos estaban licuados en negrura, eran dos manchas de brea en el rostro. Su piel era blanca como el mármol y la boca dejaba salir una lengua larga y negra como sus ojos. En un instante su apariencia regreso a la normalidad. Pero quedo en el recinto una peste a miles de cadáveres putrefactos en el sin fin de los tiempos.

-Adelante, Lisa.

Lisa, cobro movimiento. Había estado sentada con la mirada perdida, pero había lágrimas en sus mejillas, no podía hablar pero su alma seguía atormentándose por la cobardía que la muerte le había insuflado. Antes de levantarse y andar, ella se volvió hacia lo que parecía ser Luis y lo ataco. Luis hizo un ligero ademan con la mano, y Lisa cayo al suelo con todas las articulaciones desquebrajadas. Se levanto de nuevo y esta vez su mirada era tan negra y podrida como la del espectro que la manipulaba. Se dejo ir hacia Josh, pero este cayo de espaldas y cuando se levanto vio como el cadáver de su amada iba hacia el cuerpo pequeño e inmóvil de su hija. El corrió rápidamente hacia donde estaba, le tomo del pie y jalo hacia si.

-Ay, eres un estorbo. Nunca hubieras aparecido.

El espectro hizo un nuevo ademan con el brazo derecho, y la pierna derecha de Josh se desgarró por la mitad. La sangre bullía a borbotones de la pierna cercenada. Josh soltó un alarido y dejo de sujetar la pierna de Lisa. La mujer araño el rostro de su hija y esta cayo de lado. La sangre corría por su mejilla. Josh intento arrastrarse hasta Margaret pero no lo consiguió. Lisa volteo, con la piel blanca ahora amoratada y los ojos negros inflamados. Sonrió con sorna y tomo el cuello de la niña, arrancándola del regazo de su abuelo para levantarla y, con un movimiento veloz de la mano izquierda... Le rompió el cuello. El chasquido fue horrible. Josh pudo ver como el hueso salia de entre los pliegues de su pequeño cuellecito. Cuanto dolor soportaría su pequeña. Las lagrimas del vacío, del horror de una perdida tan profunda como el sin nombre de un hijo, superaron el dolor agónico de su pierna extinta. Sentía como la desolación le corría por todo el cuerpo, le llenaba los tejidos, la sangre, cada célula viva de su cuerpo. El dolor le anegaba el alma y la consciencia, sentía que supuraba lamentos desde lo mas profundo de su desgracia, que el corazón aullaba el sufrimiento en cada palpitar. No vería a su hija crecer, no la vería enamorarse y llorar porque el novio fuera cruel con ella, no podría abrazarla y decirle que la quería en su graduación, no la llevaría al altar y decirle que si la trataba mal él lo mataría. Nunca lo pudo hacer, nunca lo haría. Se arrastro, olvidando su pierna y se encongió al lado del cuerpo inerte de su hija. Parecía tan frágil, tan pequeña, tan hermosa. Acaricio su pielecita blanca y sus cabellos castaños. Aun estaba tibia, aun podía sentir como el calor de la vida se iba extinguiendo poco a poco, era un manto bendito el saber que aun  la vida le estaba regalando algo del calor y el abrigo que en un momento a otro, desaparecerían para toda la eternidad. No sufrió, pensaba. A veces la muerte puede ser mas piadosa que toda la vida que intentamos gozar. la abrazo y lloro y siguió llorando. Las lágrimas cruzaban su rostro como ríos eternos que acompañan al cielo en la muerte de sus días. Sentía que no había lugar posible para almacenar tanto dolor. Cuanta pena cabe en las formas de hacernos llegar a la cuenta de la falta, de la ausencia de un todo que es tan poco para el mundo y enorme para nuestros corazones. Había acabado todo antes de comenzar.

Un pequeño chasquido y un crujido invadió el cuerpo de su hija. Margaret se convulsiono y miles de bultos se movían bajo su piel. Josh pensó que no podían quitarle la paz de la muerte a su hija, eso ya no. De la boca de la niña salieron cientos de arañas negras que la envolvieron y la devoraron en la negrura de patas y colmillos. El sonido era espeluznante. El caminar rápido y sigiloso de los bichos lo aterro de tal modo que tuvo que gritar de desesperación y horror. Manoteaba hacia el bulto que yacía bajo miles de arañas y no pudo sacar nada de adentro. Apenas quitaba un montón cuando ya estaban de nuevo otro grupo encima.

-ni te molestes, Josh- dijo aquella cosa que se hacia pasar por Luis-. La devoraran para borrarla de este mundo, que nadie la recuerde para que no deje dolor. Es la forma que yo conozco de la piedad.
-¿Porque haces esto?- dijo Josh con la voz balbuceada de un niño asustado-. Me arrebataste todo.
-Si, pero yo solo hago lo que tengo que hacer. Ella tenia una deuda y ha sido saldada. No hay nada que valga mas que las emociones.
-No, no lo hay- dijo, con una resignacion que le supuraba del propio cuerpo.
-Puedes hacer un trato conmigo por ese dolor.
-Quiero ir a donde tu vas.
-Trato hecho.

Un dolor indescriptible le atenazo la pierna. De la herida de la pierna amputada surgieron nuevamente las arañas negras. Estas comenzaron a devorarlo. Josh sentía las mordeduras y gritaba de dolor, sentía como carcomían sus entrañas, como entraban por su boca y su nariz, asfixiandolo. las arañas entraron a sus ojos y sus oídos. La luz del mundo y los sonidos del ambiente se apagaron y regreso a la niebla oscura de los sueños. Era un sueño, un sueño eterno donde solo se regresa para repetir agonías. Encontró la muerte y el descanso. Tal vez son cosas que no pueden separarse. Pensó que si hablamos de goce, de descanso y de muerte, hablamos de la misma forma de llegar a un punto. El retorno al olvido, al silencio, a la nada.

Las sombras del espectro se difuminaron en la agonía de esa noche. El mundo recobró sus ruidos, su movilidad y su desdicha y crueldad cotidianas. No había más que hacer. Hubo un entierro sin cuerpos y dos recuerdos en la inmensidad de la indiferencia y el olvido.







domingo, 1 de marzo de 2015

El Whardol (primera parte)


El reloj golpeteaba el aula con su sonido pausado y sutil. Los chicos se rascaban la cabeza, unos pensativos y otros frustrados y exasperados. Era el día del examen parcial. Algunos como Richie que habían intentado estudiar durante los tres días anteriores, seguían pensativos sobre si la respuestas tenían alguna especie de trampa o de verdad era tan sencillo ese pedazo de papel tan blanco que ofuscaba la mirada al refractar la luz de la mañana. Otros, como el atarantado y distraído de Tomas, habían decidido que eso era de poca importancia, hasta que la situación se volvía real y tenía que enfrentarse a la realidad de una muy mala nota.


Richie era muy odiado por sus compañeros, era el más listo de la clase y siempre los hacía quedar mal con los tiempos de los exámenes y los propios resultados. Digamos que podría hablarse de un ñoño bien hecho. Sin embargo, a todos les extrañaba que fuera amigo de ese sujeto raro que siempre olía a tabaco y hablaba como si estuviera drogado, con sus ojos semicerrados y su cabello demasiado corto para la generación y la moda dominante.
Richie se sentía algo pensativo en esos días. Al parecer, la nota del periódico de hacía apenas cuatro días, lo había dejado algo ensimismado. Habían encontrado un cuerpo cerca del río Siembra. Todo apuntaba a que era el cuerpo del niño retrasado del pueblo. Era hijo de una mujer muy gorda y gritona de la calle Tebas, cerca del quiosco y el mausoleo del fundador del pueblo. La vieja gorda siempre se regodeaba de estar tan cerca de esos lugares tan apreciados por el pueblo; mencionaba que tal vez el precio por semejante privilegio era haber tenido un hijo con ese “problemita”, como solía decirlo abiertamente a cualquier persona con la mala suerte de toparse con ella por la calle.
Los padres de Richie, por muy desganados que estuvieran y por mucho asco que les provocara la señora, creyeron prudente ir a presentar sus condolencias a la vieja señora Bronter, Emilia Bronter. El chico se llamaba Ernesto Bronter, pero todos le decían el “el menso Bronty”. Cuando llegaron a la casa, con las ventanas abiertas de par en par y los lugares de la fachada donde descansaban algunas plantas medicinales tachados de verde por la lama acumulada de las constantes riegas, ella estaba saliendo por el umbral de la puerta para sacudir el tapete de la entrada cuando los vio dirigirse hacia ella. La señora Bronter se sorprendió de la visita, así que optó por aventar el tapete justo a un lado de la puerta y se dirigió muy cordialmente hacia ellos, invitándolos a pasar. La verdad es que en su rostro no se dibujaba ningún tipo de dolor o sufrimiento de madre a causa de la pérdida de un hijo. Parecía que dentro de su alma sólo había calma y resignación. A Richie eso se le dibujo como algo muy extraño, como si la situación y los significados no guardaran ningún tipo de relación lógica; el esperaba encontrar desesperación, llanto incontrolable y los tan característicos gritos exasperantes y turbadores de la señora Bronte, pero ahí no había nada, solo calma y cordialidad.
La mujer, a pesar de su peso, gustaba de vestir vestidos con escote y corte en el largo de la pierna, como si pretendiera que entre más carne se fuera más seductora en la vida. Habría que ver con que tipo de creencias se encuentra uno en la vida, pensó Richie. Él estaba callado, apenas arrojó un “hola”, cuando la señora lo saludo y apretujó contra sus enormes pechos y lo sacudió con su abrazo. Los padres se sentían incómodos, y la verdad es que también se veían así. Cuando entraron al vestíbulo, se llevaron una sorpresa: No había nadie en el salón, nadie en absoluto se encontraba en esa casa para acompañar con el dolor a la pobre mujer que acababa de perder un hijo en circunstancias de lo más deplorables. Las investigaciones de la policía y los análisis que se le hicieron al cuerpo, apuntaban completamente a un asesinato de lo más brutal.
El chico Tomas le contó todo lo que había podido encontrar en el informe forense que su padre trajo para la casa, su padre el el asistente del jefe de policía. El jefe le había pedido que hiciera un resumen para el del informe y los transcribiera para el. Tomas bajo en la madrugada a la cocina por un vaso de agua y se encontró con la carpeta con su clásico símbolo de la policía en el centro de la carpeta que descansaba en la mesa del comedor. El sintió un poco de curiosidad y decidió abrirla para ver lo que su padre trajo a la casa. Pensó que tal vez sería una de las tantas cosas aburridas que le encomendaban, como asaltos o unos golpes afuera de alguno de los tantos bares del pueblo; pero esto de verdad que era completamente diferente. Era el primer asesinato en 26 años que se suscitaba en el pueblo.
El discurso del joven amigo de Richie se desató después de abrir la carpeta. Parecía que se encontraba tremendamente extasiado y perturbado. Describió que lo primero que vio al abrir la carpeta fueron las fotos de la escena del crimen, donde el cuerpo aparecía amoratado e inflado por la descomposición. Según el informe, el cuerpo tenía más de cuatro días a la orilla del lago. Tenía 34 marcas de puñaladas en todo el cuerpo, centrándose en el pecho y la cara. También los genitales habían sido apuñalados. Richie imaginaba el cuerpo hecho un amasijo de carne y sangre que lo cubría todo y empapaba la tierra, tal vez impidiendo que nada volviera a nacer en ese terreno. Tomas seguía contando como estaba su cara: “rayos, como habla de su cara”, pensaba Richie. Le notificaba como es que las perforaciones de los ojos estaban completamente fuera de lo humano, las cuencas estaban bañadas de un coaguloso líquido tinto que lanzaba destellos con el flash de las cámaras del forense. Parecía como si de ellos fuera a brotar algo, como si dentro de aquellos agujeros se escondiera todavía su alma esperando para contar lo que pasó.
Pero cuando Richie pensaba que había finalizado su relato, algo paso en las facciones de Tomas.
-¿Que te pasa, Tom? -preguntó Richie.
-Eh… ¿Que? -balbuceó el chico.
-¿Que qué rayos te pasa? -Vociferó molesto Richie.
-Es que, hay algo que no te he contado sobre el Menso Bronty -dijo Tomas con un dejo tembloroso y vacilante en la voz.
-¿Y qué es eso? -preguntó Richie.
-Los dedos de sus manos estaban adheridos a su rostro rodeando sus ojos con los huecos de la mano que fueron destrozados por el apuñalamiento.


Esto dejó completamente fuera de su comportamiento normal a Richie. De alguna manera él se sentía extrañamente fascinado por estas noticias, pero cuando lo vio la noticia en el periódico al día siguiente, pareció que la situación se volvía tangible, que dejaba de ser una historia más contada por sus vejos autores preferidos.