lunes, 9 de marzo de 2015

El funeral


Josh entró en la habitación. Dentro se escuchaba el ruido de la muerte: silente, arrogante y abrazador. Había lagrimas por todos lados, manos que se estrechaban, un chiste para liberar tensión y ojos que no expresaban nada tan regados por el cuarto de velación que no se sabía quien era un dolido de corazón, y quien un simple intento de bálsamo para la angustia de la falta.

Lisa Florence había fallecido en un accidente automovilístico mientras discutía con su pareja por la carretera Sonclift. Llevaba a su hija Margaret en el regazo, tenia solo 4 años. Margaret no sabía que era lo que pasaba exactamente, pero sabía que papis no estaban contentos, gritaban mucho. Su madre estaba recriminándole a Omar que por sus descuidos y borracheras, había dejado la puerta de la cochera abierta, que pudieron haber pasado un sin fin de cosas y que el no estaría allí para ayudarlas. Si la familia necesitaba ser protegida por sus descuidos, él solo estaría divirtiéndose con sus amigos completamente despreocupada mientras su familia era secuestrada, asesinada o sabría dios que mas cosas horripilantes podían pasar. Omar solo atino a responder "pero no paso nada, ¿verdad?" ese fue el colmo. Lisa golpeo fuertemente la cara de Omar y este casi se sale del camino. Lisa le pidió disculpas en el momento mientras él se le quedaba viendo con una cara de sorpresa e ira. Por suerte para todos no había ningún automóvil en la carretera con el que pudieran colisionar. Iban de regreso a la casa. Lisa se había ido a quedar con su madre después de la tercera vez que el se fuera con sus amigos en el mes. El fue a rogarle al tercer día que regresara a la casa, que las cosas cambiarían, que ya había hablado con sus amigos y ellos respetarían su decisión. Solo los vería una vez al mes. No mas. Ella accedió un poco reacia, pero quería creerle a su marido. 

Mientras Omar regresaba del estupor, un trailer con cargamento de sorgo estaba justo en frente de ellos y se detuvo espontáneamente. Los neumáticos del trailer chirriaron espantosamente en el pavimento. Un perro se había cruzado en la carretera e intento no matarlo. El animal salió despavorido de la carretera, pero el coche de Omar y Lisa había ido a parar justo por debajo del trailer. El sorgo de la caja se desparramó por el pavimento y generó un estancamiento por horas, mientras las autoridades desenterraban de la montaña de cereal a la pobre familia. Omar había muerto repentinamente de un golpe en el pecho con el volante. Margaret estaba llorando pero no podían encontrarla. Lisa estaba contra el tablero. El parabrisas estaba ensangrentado, parecía como si una bolsa de sangre hubiera explotado ahí dentro.

Cuando los paramedicos llegaron al lugar del accidente, fueron ayudados por algunos voluntarios para desenterrar los cuerpos del cereal. Cuando por fin los cuerpos quedaron expuestos y los paramedicos pudieron maniobrar, las moscas pululaban alrededor de la cabeza de Omar y el cuerpo pálido, rígido y ensangrentado de Lisa. La chica tenia una postura encorvada, como si se hubiera agachado para recoger algo del suelo y en ese preciso instante hubiera ocurrido el percance. Luis, el primer paramedico en acercarse al vehículo, saco el cuerpo de Omar, mientras se cercioraba que de verdad estuviera muerto; un enorme derrame en el pecho certificaba que ya no había nada que hacer. Cuando Rulo, el otro paramedico se aproximó al lado del copiloto y destrabó la puerta con un jalón excesivo, soltó un alarido.

-Luis, ayúdame. Hay un niño debajo de ella.
-Rayos- exclamo Luis, y se aproximo.

Entre los dos retiraron cuidadosamente el cuerpo de la chica, y sacaron de debajo el cuerpo inconsciente de Margaret. Aún respiraba. La pusieron en una camilla y la llevaron a la ambulancia. Cuando regresaron para verificar a Lisa, los dos tenían una cara de asco que se les enmarcaba visiblemente al entrar en contacto con el panorama brutal del accidente dentro de la cabina. La cara de Lisa había estallado, tenia los ojos saltados y una rajadura del lado izquierdo de la frente hasta el labio superior derecho. La carne colgaba entre moscas y sangre. Los dientes eran horrorosamente blancos entre la negrura de la sangre coagulada y llena de cereal en los rincones desde donde se desprendía la carne del rostro. La blusa beige que llevaba Lisa estaba salpicada de manchas color marrón. Sus brazos estaban lánguidos. De pronto, algo inusual pasó. La cara desfigurada tosió sangre. Aun estaba viva. Los chicos despertaron de su ensimismamiento y atendieron rápidamente el cuerpo ensangrentado. Intentaron entubarla pero era complicado porque en ese rostro ya no había nariz ni boca completa. Lo hicieron lo mejor que podían. Era lo mas brutal que habían visto en toda su vida. Todavía podían escuchar las arcadas de algunos chismosos al ver subir el cuerpo a la ambulancia.

A pesar de todos los intentos por remediar el dolor y mantenerla estable hasta la llegada al hospital mas próximo, Lisa murió a los 15 minutos de arrancar la ambulancia. La niña ya estaba completamente estable. Solo tenia un golpe en la cabeza. Un simple chichón que bastaría con mantenerla en observación. El único inconveniente era que se había quedado sin padres. La chica, pensaba Luis Meldez, el paramedico que la recogió y llevo en brazos hasta la ambulancia, ya no podría decirle a su padre que la cargara en hombros para hacerle caballito; ya no estaría su padre viéndola a través de los barrotes de la cuna para verla despertar y propinarle una guerra de cosquillas mientras ella se desternillaba de risa y le brotaban las lagrimas pidiendo que parara; la chica ya no sabría lo que seria que su padre la celara con los chicos. Esa chica jamas podría saber que pasaba por la mente de su madre cuando le pidiera un consejo, jamás experimentaría esa sensación cálida y abrasadora que puede traer el hogar original. Extrañamente, una sonrisa se cincelo en su rostro. A veces, la muerte hace que el dolor se evapore, es el mejor balsamo para el derrame de las lagrimas. El anhelo de vivir, nos hace olvidar que la muerte también es una ambrosía.

Josh seguía avanzando por entre los acompañantes de dolores y recuerdos. Los clásicos acompañantes de muerte y desesperación que se posan como buitres ante el sufrimiento de la extinción de aquellos que se quedan. Aquellos sufrientes que deciden todo menos quedar atrasados en el abismo angustiante de una vida en falta. Los odiaba. Odiaba el arrullante sonido del barullo, de las platicas estúpidas y los falsos pésames. Rayos, como odiaba esa sensación de desamparo que la muerte deja caer sobre los hombros de quienes sienten el vacío, ese hueco maldito de alguien que parte y no vuelve la mirada para decir adiós. Se acerco al ataúd sin que los allegados pudieran descifrar en su rostro de quien se trataba. Para cuando estaba parado al lado del féretro, se percato de que la tapa estaba cerrada. Por dios, ¿porque estaría cerrada? ¿tan mal estaba su cuerpo?

Una mano lo agarro del brazo con la fuerza de la desesperación y encontró, al voltear, una mirada que irradiaba ira e indignación. Era la madre de Lisa. Jory.

-¿Que rayos haces aquí, estúpido?
-Vengo a despedirme- Rugió Josh- No puede negarme eso.
-Pues si que puedo- replico, Jory.
-Pues, entonces, haga lo que quiera. No permitiré que nadie me robe este ultimo derecho.
-Nunca fuiste alguien bueno para ella, y lo sabes.

Josh le concedió el pueril derecho de la ultima palabra. Regresó al lado del ataúd y lo acarició como si fuera su piel la que tocaba. Era una caja del color de la naranja. Su piel era blanca. Ahora más blanca aún. Una piel muerta. Pero el no la recordaba así. Su piel era tersa como piel de durazno, sentía que vibraba cuando ella lo tocaba, sentía que cualquier duda se desvanecía cuando escuchaba su voz y su cuerpo se acercaba al de él. Adoraba sentir las curvas de su cuerpo contra el suyo, sentía como el palpitar de los dos se volvía uno solo. Como adoraba construir castillos de sueños sobre los dos. Su madre nunca les permitiría estar juntos, pero eso a el ya no le importaba. Lo que había vivido con ella y en ella, era mas que suficiente para aborrecer cien vidas sucesivas sin ella.

Se preguntaba si habría valido la pena morir por ella. Su mente divagaba por la brumas de las confusiones y las posibilidades, pero se anclo en la firme determinación de una idea tan poderosa como descorazonadora por el simple de su actual imposibilidad. Esa mujer ya no valía ni la pena ni la muerte. Esa mujer que tantos sueños le provoco, y tantas noches en las que vencía el sueño y las estrellas con su recuerdo, valía la vida, las risas y los despertares. Ahora el vinculo que sostenía su amor, solo contenía desprecio y desesperación. Un cadáver ya no vale ni las lagrimas, ya no es lo que se amo, solo un despojo de aquello que una vez estuvo ahí para mirarnos y darnos existencia a partir de su palabra y su abrazo.

Se encaminaba hacia la puerta de la sala de velación para irse y no volver atrás nunca. Cuando un crujido despertó su interés y volteo.

-Toc, toc, Josh- Dijo una voz flemática desde ningún lado-. aquí adentro.

Josh se sintió algo extraño. Ninguno de los presentes parecía notar esa voz ni a el mismo. la voz resonó de nuevo.

-Vamos, Josh- dijo la voz constipada desde dentro del ataúd-. Mira aquí adentro, hay mas que solo muerte en lo que verán tus ojos.

Ahí dentro, había un error.

La mirada de Josh iba dirigida hacia los muchos de los personajes que llenaban la pequeña habitación. La hija de de Lisa, creía que se llamaba Margorie, estaba en los brazos de su abuelo y le contaba algo al oído. Ella tampoco parecía escuchar a su madre hablar desde dentro de la caja. Estaba asustándose. Creía que seria alguna broma de muy mal gusto. Pero nadie volteaba hacia el féretro. Todos estaban ensimismados en platicas absurdas y caras inexpresivas. Caminaba hacia el cajón y se sentía estúpido, cada paso lo sentía lento y torpe. El miedo lo estaba comenzando a consumir. ¿Que esperaría al acercarse? ¿Que el cuerpo embalsamado del amor de su vida corriera con los brazos abiertos hacia el y le dijera que lo amaba con un aliento podrido mientras en su rostro se veían los vestigios de heridas sin cicatrizar de un accidente?

-¿Como saber que eres tu?
-Jaja ¿como saberlo?- dijo la voz flemática.
-Estoy alucinando, la muerte me ha afectado.
-No, Josh- replico la voz- Puedo decirte cuanto te gustaba cuando jugaba entre tu bragueta.
-¿Que rayos estas diciendo?
-¿Ya se te olvido, Josh?- chillo la voz-. ¿Olvidaste cuando pretendíamos flotar? jaja
-¡Santo cielo!

Y flotamos, juntos, como plumas al viento al lado del abrazo que no existió, y superados en razones por el beso en tinieblas que nunca nos dimos. Que tragedia. Cuanta fuerza puede mostrarnos la desventura cuando el juicio es verdugo de un corazón que no sabe mas que palpitar por unos ojos que solo ven el miedo y el dolor en la experiencia de amar. Que tragedia. Solo nos queda flotar y encontrarnos entre la brisa. Tal vez el viento pueda mas que nuestras razones.

Era el fragmento de una de las cartas que el le había dado. Para precisar, era la ultima. Ella le había correspondido con otra carta donde copiaba ese párrafo exactamente igual. El solo era un remedo de escritor. Nunca había querido despegarse de su mas profundo sueño en la vida: ser algún día reconocido como un escritor serio. Por el momento, solo se consideraba un cuenta cuentos y nada mas. Y, al parecer, a la madre de Lisa no le parecía ni eso. Hizo hasta lo imposible porque el la dejara. Una noche, mando tres hombres para darle dinero, permitirle que se fuera de la ciudad y viviera en un buen lugar y encontrar un trabajo decente. El lo rechazó y tuvieron que recurrir a una paliza que le dejo la ceja colgando y tres dientes despostillados. Cuando despertó a la mañana siguiente tenia moretones enormes en el vientre, el pecho y la espalda. El había dicho a Lisa que se fuera con el, que su madre no los dejaría ser felices nunca. Su madre era la dueña de "Textiles Morre", jamas permitiría que se casara con un don nadie como el. Pero ella tenia miedo, miedo de que no funcionaran las cosas y de que nunca mas pudiera regresar a casa. "A veces, el amor no basta", decía ella. "A veces, no es cuestión de amor puramente, sino de desafiar la desgracia, abrir camino, dejarnos ser. A veces, tenemos que permitirnos la duda sobre la premonición y veredicto de los demás", replicaba él. Ella se acobardo y como protesta, el le escribió esa carta. Ella solo supo responderle con las mismas palabras. Y si, tal vez fuera que solo el viento fuera capaz de juntarlos de nuevo.

Ella se refería a eso. Estaba seguro, esa voz aterciopelada que recordaba no era ese sonido encerrado y flemático que escuchaba ahora. Esa era otra cosa encerrada en una caja de madera. Siempre le habían provocado una sensación siniestra los ataúdes, pero esto era completamente diferente. Tenia miedo de acercarse mas, algo escaparía de dentro y lo tomaría del brazo y la garganta, mordería su cuello y desgarraría su garganta, lanzando sangre a borbotones en todas direcciones. El moriría aun sujeto por lo que quedaba de cuello y caería a los segundos desplomado en el suelo de linóleo del velatorio. Su carne estaría pálida y los ojos perderían el brillo mirando hacia la nada; sus ojos se centrarían en el hueco y palpitante mundo de la negrura y la muerte. Llegaría a una dimensión donde todo se estanca en la repetición de la nada, y los sufrimientos y la soledad cobran fuerza y determinación. Un golpe sordo lo despertó de su ilusión de muerte y lo trajo de regreso al mundo que parecía aun mas apabullante. Se dijo que tenia que abrir el féretro, tenia que hacerlo. agarro fuertemente el costado de a caja y tiro fuertemente hacia arriba hasta que la tapa crujió y se abrió de golpe. El dio un pequeño traspie mientras depositaba la tapa en el suelo. Cuando se asomo dentro del cajón, no había nada. Nada. 

El cuerpo no estaba, solo un hueco en el terciopelo del ataúd. ¿Donde estaba cuerpo? Miró en todas direcciones, esperando encontrar su cuerpo; un cuerpo que tantas noches lo abrigó, lo amó en caricias y besos desesperados por el roce y suave ritmo que cobra la noche en los amantes. Una carcajada se estrello en el silencio y la inmovilidad del espacio. La gente no se movía, se habían quedado paralizadas. Todo tenia un matiz de inmovilidad y estancamiento ominoso. La carcajada volvió a tronar detrás de él y volvió su cabeza para encontrarse con Lisa sentada en el ataúd. 

-Hola, Josh- Dijo Lisa, con la misma voz flemática de antes-. ¿Me extrañaste? ¿Mucho? Jaja
-¿Que esta pasando?- dijo Josh, con un dejo de pánico en la voz temblorosa-. ¿Quien eres tu?
-¿Como que quien soy yo?
-Tu no eres Lisa.
-Claro que soy yo, ¿pues que te crees?
-Tu no... tu... no...
-Jajaja es por mi apariencia, ¿cierto? pero nuestro amor es mas grande que la estética, Josh.

Lisa tenia el rostro pálido y amoratado en los diferentes lugares donde las costuras de la reconstrucción facial atravesaban su rostro en diferentes direcciones. Su rostro estaba zurcado por heridas hinchadas, ya no era el rostro hermoso y terso del que alguna vez estuvo enamorado. Lisa habia perdido el brillo de sus gestos, la movilidad encantadora de sus facciones se habia evaporado de la tierra como el fututo que alguna vez vislumbraron juntos. De la base de la cara salían unas hebras blancas manchadas de un liquido color marrón. Uno de sus ojos estaba blanco y parecía apunto de licuarse en cualquier momento y escurrirle por la mejilla izquierda. Su sonrisa quedaba cortada en una mueca de asco o desprecio, según se le interpretara. Su sonrisa era lo que mas lo aterraba. Era una sonrisa fría y desencajada de cualquier parecido humano. 

Josh sintió un escalofrió que le recorrió toda la espalda y los cabellos de la nuca se erizaron completamente. Estaba asustado. Claro, después de todo ¿quien se pone a platicar con un cadáver como si fuera lo mas cotidiano del mundo? Esta idea paso por su mente y casi se le escapa una carcajada irónica cuando recordó a quien tenia en frente. Poso sus ojos nuevamente en la figura pálida y desfigurada que alguna vez fue Lisa. La contemplo con su sonrisa asqueada y desquebrajada, ahí, sentada a la orilla del ataúd. Ella lo veía sin soltar palabra alguna. Lo veía como si pudiera atravesar su cuerpo y ver en lo mas profundo de sus miedos y dudas. Eso comenzó a aterrorizarlo.

De pronto, la voz flemática destruyo el silencio incomodo y perturbador de la sala.

-¿Que pasa, Josh?- dijo-. ¿En que piensas?
-No lo comprendo.
-Se me dio permiso de despedirme de ti.
-Pero así no. Ella no lo hubiera hecho así.
-¿Entonces como, Josh? - Dijo el cadáver de Lisa-. De seguro preferirías que me abalance a ti, te bese y te pida disculpas por todo el daño que te hice. Si, de seguro es eso. Querrás que arrastre hasta ti todo el dolor de nuestras ausencias, que me encomiende a la culpa y dirija mis plegarias hacia ti, hacia aquella cosa que la gente a llamado perdón. Es tarde, Josh. Es muy tarde. Vine hasta a aquí por que no pienso irme sola. Omar tuvo que irse, y decidió, ahí, en la bruma negra de la muerte, soltar mi mano y dejarme caminar de regreso. 
-Esto no puede ser posible. ¿A que has regresado?- dijo Josh.
-No seas estúpido, Josh- Atajó Lisa-. Se te ha brindado la oportunidad de volver a verme. De despedirte y decir hasta pronto. Si, Josh, hasta pronto. ¿Crees que acabarías de verme? Hay un lugar mas allá de lo que puedes desear ver. Y yo, por responder a tu pregunta, no he venido a decirte "perdon", he venido para llevarme lo que es mío.
-¿De que estas hablando?
-Jajaja ay, Josh. Mi querido Joshy- Dijo Lisa con una mueca de ternura perversa-. Hay algunas respuestas que tienes que tomarlas y sentir su cuerpo palpitante entre las manos, no se pueden poner en simples palabras. La experiencia nos demuestra cada día que hay un mar de respuestas, pero ninguna sirve, ninguna se encuentra sin la pregunta adecuada y el interés preciso. ¿Como decía tu autor favorito? Ah si, "Las palabras son como una mancha en el silencio y en la nada". 
-Samuel Beckett.
-Si, ese.
-Ella no dejaría la oportunidad de estar con su familia.
-A eso he vuelto, Josh- Dijo Lisa con su voz desgastada por la resequedad de la muerte-. Tu y Margaret son mi familia. ¿No lo entiendes, Josh?
-Yo... No...
-Margaret es nuestra hija. Mi despreciable madre nunca permitiría que eso quedara ahí, me case con Omar por la mancha de nuestra falta, Josh.
-No puede ser, Lisa. Esto no puede estar pasando.
-Lo siento pero es verdad. Y también lo siento por lo que haré, Josh.
-¿De que hablas?
-No pienso dejarte nunca mas. Nunca.

Josh sintió como el estomago se le encogía por el pánico que las palabras de Lisa le dejaban caer en la consciencia como un velo negro que lo atrapaba y lo enredaba en ecos y temores cada vez mas grandes y asfixiantes. Estaba nadando entre una nebulosa negra y fría. El miedo desquebraja la consciencia hasta volverla solo un despojo de lo que la calma construye en algún momento. La crisis siempre sera el mejor modo de saber que la voluntad es algo tan frágil como el papel entre la lluvia.

-Esta no eres tu, Lisa.
-No es del todo cierto- interrumpió una voz-. Su deseo de estar contigo es completamente sincero. Viene desde lo mas profundo de su palpitante corazón, Josh. Claro que la muerte torna perverso cualquier deseo. No te darías a la idea de la cantidad de corrupciones que el deseo de vivir impregna en el alma humana. La desesperación es el escenario perfecto para la desvirtud- concluyo Luis, el paramedico.
-¿Quien rayos eres tu?
-Eso no tiene importancia. Solo agradéceme por traer a tu amada de vuelta, o lo que quedo de ella.
-¿Que le has hecho, desgraciado?
-Ella anhelaba tanto vivir. Ella quería regresar y verte una vez mas, saber como era que su hija experimentaba la muerte y, sobre todo, salvarla de los brazos y perversos deseos de su madre. Lo que la ilusión de la imagen crea en la gente, es tan solo una forma de cegarlos para ver en el otro un espejo de si mismo. Son personas cobardes, pero la cobardía vuelve a las personas aun mas peligrosas. Nunca subestimes a un cobarde, Josh. Ella habla por mi, tienes mis palabras y mis deseos puestos en sus labios.
-¿Quien... eres... tu?- preguntó Josh conteniendo la ira.
-Soy, sencillamente, un contenedor de sueños. Soy el verdadero opositor aquel que crees dios. Vengo de un mundo donde todo se repite, donde no hay era que termine ni tormento que se extinga. De donde vengo el tiempo no basta, las palabras y nombres no alcanzan lo que rodean tus sentidos. Vivo escondiéndome entre los salvadores de vida, para hacer justamente eso: salvarlas. El miedo a la muerte hace que se reconfigure cualquier prioridad mortal. Doy vida en la muerte, por lo mas querido en vida. Una vida por otra, Josh. Después de todo es hija de esa vieja urraca. El egoísmo es contagioso, Josh.
-¿Pero que dices?
-Vengo a cobrar mi deuda, Joshy. Eso es todo.

El rostro del paramedico, ahora ataviado con un traje negro impecable se desfiguro por una cara curtida en arrugas y cicatrices. Los ojos estaban licuados en negrura, eran dos manchas de brea en el rostro. Su piel era blanca como el mármol y la boca dejaba salir una lengua larga y negra como sus ojos. En un instante su apariencia regreso a la normalidad. Pero quedo en el recinto una peste a miles de cadáveres putrefactos en el sin fin de los tiempos.

-Adelante, Lisa.

Lisa, cobro movimiento. Había estado sentada con la mirada perdida, pero había lágrimas en sus mejillas, no podía hablar pero su alma seguía atormentándose por la cobardía que la muerte le había insuflado. Antes de levantarse y andar, ella se volvió hacia lo que parecía ser Luis y lo ataco. Luis hizo un ligero ademan con la mano, y Lisa cayo al suelo con todas las articulaciones desquebrajadas. Se levanto de nuevo y esta vez su mirada era tan negra y podrida como la del espectro que la manipulaba. Se dejo ir hacia Josh, pero este cayo de espaldas y cuando se levanto vio como el cadáver de su amada iba hacia el cuerpo pequeño e inmóvil de su hija. El corrió rápidamente hacia donde estaba, le tomo del pie y jalo hacia si.

-Ay, eres un estorbo. Nunca hubieras aparecido.

El espectro hizo un nuevo ademan con el brazo derecho, y la pierna derecha de Josh se desgarró por la mitad. La sangre bullía a borbotones de la pierna cercenada. Josh soltó un alarido y dejo de sujetar la pierna de Lisa. La mujer araño el rostro de su hija y esta cayo de lado. La sangre corría por su mejilla. Josh intento arrastrarse hasta Margaret pero no lo consiguió. Lisa volteo, con la piel blanca ahora amoratada y los ojos negros inflamados. Sonrió con sorna y tomo el cuello de la niña, arrancándola del regazo de su abuelo para levantarla y, con un movimiento veloz de la mano izquierda... Le rompió el cuello. El chasquido fue horrible. Josh pudo ver como el hueso salia de entre los pliegues de su pequeño cuellecito. Cuanto dolor soportaría su pequeña. Las lagrimas del vacío, del horror de una perdida tan profunda como el sin nombre de un hijo, superaron el dolor agónico de su pierna extinta. Sentía como la desolación le corría por todo el cuerpo, le llenaba los tejidos, la sangre, cada célula viva de su cuerpo. El dolor le anegaba el alma y la consciencia, sentía que supuraba lamentos desde lo mas profundo de su desgracia, que el corazón aullaba el sufrimiento en cada palpitar. No vería a su hija crecer, no la vería enamorarse y llorar porque el novio fuera cruel con ella, no podría abrazarla y decirle que la quería en su graduación, no la llevaría al altar y decirle que si la trataba mal él lo mataría. Nunca lo pudo hacer, nunca lo haría. Se arrastro, olvidando su pierna y se encongió al lado del cuerpo inerte de su hija. Parecía tan frágil, tan pequeña, tan hermosa. Acaricio su pielecita blanca y sus cabellos castaños. Aun estaba tibia, aun podía sentir como el calor de la vida se iba extinguiendo poco a poco, era un manto bendito el saber que aun  la vida le estaba regalando algo del calor y el abrigo que en un momento a otro, desaparecerían para toda la eternidad. No sufrió, pensaba. A veces la muerte puede ser mas piadosa que toda la vida que intentamos gozar. la abrazo y lloro y siguió llorando. Las lágrimas cruzaban su rostro como ríos eternos que acompañan al cielo en la muerte de sus días. Sentía que no había lugar posible para almacenar tanto dolor. Cuanta pena cabe en las formas de hacernos llegar a la cuenta de la falta, de la ausencia de un todo que es tan poco para el mundo y enorme para nuestros corazones. Había acabado todo antes de comenzar.

Un pequeño chasquido y un crujido invadió el cuerpo de su hija. Margaret se convulsiono y miles de bultos se movían bajo su piel. Josh pensó que no podían quitarle la paz de la muerte a su hija, eso ya no. De la boca de la niña salieron cientos de arañas negras que la envolvieron y la devoraron en la negrura de patas y colmillos. El sonido era espeluznante. El caminar rápido y sigiloso de los bichos lo aterro de tal modo que tuvo que gritar de desesperación y horror. Manoteaba hacia el bulto que yacía bajo miles de arañas y no pudo sacar nada de adentro. Apenas quitaba un montón cuando ya estaban de nuevo otro grupo encima.

-ni te molestes, Josh- dijo aquella cosa que se hacia pasar por Luis-. La devoraran para borrarla de este mundo, que nadie la recuerde para que no deje dolor. Es la forma que yo conozco de la piedad.
-¿Porque haces esto?- dijo Josh con la voz balbuceada de un niño asustado-. Me arrebataste todo.
-Si, pero yo solo hago lo que tengo que hacer. Ella tenia una deuda y ha sido saldada. No hay nada que valga mas que las emociones.
-No, no lo hay- dijo, con una resignacion que le supuraba del propio cuerpo.
-Puedes hacer un trato conmigo por ese dolor.
-Quiero ir a donde tu vas.
-Trato hecho.

Un dolor indescriptible le atenazo la pierna. De la herida de la pierna amputada surgieron nuevamente las arañas negras. Estas comenzaron a devorarlo. Josh sentía las mordeduras y gritaba de dolor, sentía como carcomían sus entrañas, como entraban por su boca y su nariz, asfixiandolo. las arañas entraron a sus ojos y sus oídos. La luz del mundo y los sonidos del ambiente se apagaron y regreso a la niebla oscura de los sueños. Era un sueño, un sueño eterno donde solo se regresa para repetir agonías. Encontró la muerte y el descanso. Tal vez son cosas que no pueden separarse. Pensó que si hablamos de goce, de descanso y de muerte, hablamos de la misma forma de llegar a un punto. El retorno al olvido, al silencio, a la nada.

Las sombras del espectro se difuminaron en la agonía de esa noche. El mundo recobró sus ruidos, su movilidad y su desdicha y crueldad cotidianas. No había más que hacer. Hubo un entierro sin cuerpos y dos recuerdos en la inmensidad de la indiferencia y el olvido.







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